Cuando era pequeño

Foto: La afición del Baskonia en la Final Four de Praga 2006

Por Manu González

Cuando era más pequeño, un virus se apropió de mi cuerpo. El virus se llamaba, y se llama, Baskonia. Porque no he sido capaz de sacarlo de mí, ni ya tengo ninguna intención de que así sea.

Es un virus benigno. No duele, ni hace enfermar. Como mucho, te deja algo de ronquera en ciertas ocasiones. Bendita secuela, por otra parte.

Cuando era pequeño, fui a ver al Baskonia, por primera vez, en el 600 del Padre Ángel, el sacerdote de mi barrio.Un buen tipo que, sabedor de mi afición por el balón naranja, me regalaba pósters del Baskonia que colgaba en mi habitación como el mayor de los tesoros. Sin duda, porque lo eran.

Cuando era pequeño, pasé de ver a Micheaux y a Jeelani en Mendizorrotza a admirar a Ramón Rivas y a Kenny Green en Zurbano.

Pude ver cómo se celebraban los subcampeonatos, cómo la Virgen Blanca se engalanaba para recibir al equipo tras perder sendas finales europeas, cuando no éramos un equipo acostumbrado a estar entre la aristocracia.Pero no como uno de esos personajes de rancio abolengo que siempre ha estado invitado a esas fiestas.Más bien como alguien hecho a sí mismo que, a base de empeño, pasó de servir canapés en esas reuniones a que se los sirvieran otros.

Con tiempo y dedicación. A veces, probando sabores que nadie había osado catar. Algunos dulces, otros amargos. Como todo en la vida.

Cuando era pequeño, el Real Madrid se llevaba nuestros mejores jugadores. Laso, Abad, Arlauckas.Y cada verano parecía el fin del mundo. Y el fin del mundo nunca llegaba. Al contrario, siempre había alguien más alto, más fuerte, mejor.

Ganar a los merengues pasó de ser un sueño, algo que se celebra, a convertirse en una obligación. Y pude ver al Baskonia, a ese virus que llevaba tan dentro, cambiar de nombre. Varias veces. Para mí seguía, sigue, siendo Baskonia.

Ni Tau, ni leches. Ningún culé ánima al Regal. Se llama Barça y punto. Pues eso. Es el Baskonia y punto, que el patrocinador siempre puede cambiar en breve. Y más en tiempos de crisis.Cuando era pequeño nadie hablaba de crisis.

Y menos en el Baskonia, el equipo que siempre era capaz de sobreponerse a las necesarias ventas de jugadores, que fue capaz de abrir nuevos caminos cuando su plantilla quedaba huérfana. Que convirtió un equipo de provincias en un proyecto ganador, ambicioso. Que vio cómo el Real Madrid ya no le quitaba jugadores.

Lo hacían los Raptors, los Bulls, los Rockets. ¿Y al Madrid? La cosa cambió y el camino lo hicieron algunos al revés. Y mejoraron, vaya si lo hicieron.

Cuando era pequeño tenía menos espíritu crítico. Por eso, veía al Baskonia con la lejanía con la que se mira a los ídolos. Después fue diferente. Aunque, por suerte, no se cumplió la profecía de mi abuela. No es que fuera bruja, de hecho era una señora encantadora.

Sin embargo, preocupada quizás por el desmesurado ardor con el que su nieto veía los partidos de su equipo, me dijo una vez que no les defendiera tanto. “Ni que te fueran a dar de comer”.

Y el tiempo pasó, y ya no fui tan pequeño. Al menos en edad. Porque cuando era pequeño, ni siquiera podía soñar con partidos como la Final Four de Praga, y menos todavía con verlo en vivo.

Ni con una jugada como el mate de Timinskas, que viví tan de cerca que casi recuerdo cada uno de los gestos del rostro del lituano en aquel instante. Fue de los que se quedan en la retina. Menos mal que tenía la etiqueta de jugador frío…

Y fui a Bolonia, y en contra de lo que mi abuela pensaba, aquellos mozalbetes en pantalón corto me dieron de comer. Durante un tiempo pude cumplir un sueño, hacer las crónicas del Baskonia para un periódico.

Siempre quise contar lo que sentía cuando veía a mi equipo ganar y perder, porque nunca tuve tanto talento como para jugar en serio a eso del balón naranja. Fue un sueño cumplido, un anhelo vivido.

Cromo de Abdul Jeelani de la temporada 86/87

Pude escribir en un diario todo aquello que se me pasaba por la cabeza desde que miraba a Jeelani vestido de azulgrana. Cuando era pequeño ni me lo hubiera podido imaginar.

Cuando era pequeño, ver a mi equipo jugar una final de la Euroliga era una utopía digna de Julio Verne.

Aquello era algo que jugaban los dos clubes de fútbol, fundamentalmente, con alguna digna excepción. Pero lo hice. Pude verles entre los mejores de Europa.

Una, dos, tres, cuatro veces. Casi cinco. Y es que cuando era pequeño me fijaba en la NBA para admirar a Jordan, a Magic, a Bird. Después miraba a Scola, a Calderón, a Nocioni. Y pensaba que les había animado, que les había entrevistado. Y volvía a pensar en la profecía de mi abuela.

Es curioso, ya no me dan de comer, tal y como vaticinó. Pero alimentan mi espíritu.

Cuando era pequeño, no podía soñar con ver al Baskonia convertido en un cincuentón con buena salud. Pero así ha sido, y espero haber compartido mis sensaciones con este cuento basado en hechos reales. Y que sea por muchos años.

1 Comment

  1. Pingback: Cuando era pequeño - www.baskonistas.com

You must be logged in to post a comment Login

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies