La mano de Mahoma, la historia de Abdul Jeelani

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Foto:Nuevo Basket.Adbul Jeelani en su primer partido en la Liga ACB

Por Rubén Gazapo Ramos (18/10/14 Diario Noticias de Álava)

Éxito y miseria. Tocó el cielo con el basket y lo perdió todo por culpa de la droga, de la que pudo salir tras hipotecar su vida.

Abdul Qadir Jeelani (su nombre original antes de convertirse al islam era Gary Cole) nació un 10 de febrero de 1954 en Bells, estado de Tennessee, Estados Unidos. Ala-pívot de 2,04 metros de altura, completó su periplo universitario en la Universidad de Wisconsin-Parkside, donde batió importantes marcas en los cuatro años que estuvo allí. Lideró, entre otros, apartados históricos como los de puntos anotados (2.262) y rebotes capturados (1.237), y fue uno de los mejores jugadores universitarios NAIA en 1974 y 1975.

Con estas credenciales, en el draft de 1976 resultó elegido en el número 50 por Cleveland Cavaliers, que lo cortó en las ligas de verano para recabar después, ya como agente libre, en Detroit Pistons donde permaneció una temporada. Un año más tarde decidió probar suerte en Italia, donde triunfó durante dos temporadas y de manera impactante en la Lazio de Roma.

Esos registros resultaron determinantes para regresar a casa, primero a los Portlad Trail Blazers y la temporada siguiente a la recién creada franquicia de Dallas Mavericks (temporada 80/81), donde Jeelani tuvo el honor de ser parte del primer quinteto titular y anotar además su primera canasta oficial.

Sus profundas convicciones religiosas, sin embargo, motivaron que al final de aquella temporada solicitara la baja de forma voluntaria en los Mavs, poniendo fin a una estancia en la mejor liga del mundo donde registró unos productivos números en relación a la calidad de minutos disputados.

Foto:Jeelani en el instituto en 1970

jeelanihighschoolEn 1981 regresó a Italia para jugar durante cuatro temporadas en el Libertas Peroni (Livorno), donde los tifosi le bautizaron como la mano de Mahoma. Un personaje ilustre como Dino Meneghin, quizá el mejor jugador de la historia del baloncesto italiano y con quien Jeelani mantuvo duelos espectaculares, lo definiría con el tiempo como un “superclase y un tipo elegante”.

En 1985 terminó su experiencia italiana de una forma un tanto polémica, ya que fue acusado de agredir a un árbitro durante un partido, algo que el jugador americano siempre negó.

Pocas semanas después surgió la posibilidad de firmar por el entonces Caja de Álava Baskonia, dirigido en aquellos días por Pepe Laso. El rol del ala-pívot sería para sustituir, en principio, al lesionado Simmons pero semanas después ocupó el puesto de su compatriota Terry White, que dejaba el equipo.

El debut de Abdul Jeelani con el modesto Baskonia se produjo el 26 de octubre de 1985 en Manresa y sin llegar a conocer prácticamente en Santa Coloma. No disputó el partido completo como solía suceder con los jugadores nortemericanos de la época, pero en los 28 minutos de juego que disputó en el viejo Congost resultó determinante para lograr la victoria por 87-101 en una cancha maldita para el Baskonia.Jeelani con 19 puntos y 6 rebotes ofreció ya sus primeros detalles de la calidad que atesoraba.

Pero fue una semana después y de nuevo en la provincia de Barcelona, en Santa Coloma de Gramenet, ante el Licor 43 donde el jugador impresionó al público local y a sus propios compañeros sumando en su estadística particular 32 puntos, 14 rebotes y colocando 5 tapones en 38 minutos de juego. Números que llevaron a la escuadra alavesa a protagonizar la sorpresa de la jornada y vencer por 92 a 97.

Durante las dos temporadas que permaneció en Vitoria fue una pieza clave en la evolución deportiva y clasificatoria del equipo, que con su presencia logró siempre plaza para disputar las eliminatorias por el título.

Gracias a las grandes actuaciones de Jeelani, que en su última temporada formó una espectacular pareja interior junto a Larry Micheaux (ex NBA y procedente también del basket italiano), finalizó su periplo baskonista con grandes números y firmando incluso partidos en los que fue capaz de anotar hasta los 40 puntos.

Su mejor partido lo firmó Pocas semanas después de su llegada al Baskonia el 17 de noviembre de 1985, Abdul Jeelani registró su mejor partido anotador con el equipo vitoriano, anotó 42 puntos y recogió 11 rebotes pero no se logró el premio de la victoria cayendo ante el Cai Zaragoza por una canasta de diferencia.

Sin embargo, la huella más profunda que dejó en el entorno del club fue la del jugador más estilista y elegante de los que habían pasado por Vitoria hasta entonces. Algo solo comparable a la fantasía con la que su compatriota Essie Hollis también había encandilado a la afición alavesa.

Además de su brillante paso deportivo también se le recuerdan algunas leyendas urbanas entorno a su figura.

Una de las más habituales era que asiduamente volaba hasta Milán para comprarse lujosos trajes valorados en un millón de pesetas (6.000 euros actuales), además de resultar frecuentes también sus salidas nocturnas en la capital alavesa.

Incluso su nombre salió en un reportaje de la revista Interviú a finales de octubre de 1986 en el que se le asociaba con el consumo de cocaína, asunto que acabó en los tribunales.

Ya con 33 años y arrastrando importantes problemas físicos dejó el baloncesto ACB para recalar en la 1º División B (actual LEB), jugando en el Askatuak de San Sebastián y un año más tarde en el Caja San Fernando de Sevilla. Con ambos equipos logró el ascenso de categoría antes de poner el punto y final a su carrera profesional.

DEL CIELO AL INFIERNO

A partir de ahí se le perdió la pista durante mucho tiempo. Dilapidó buena parte de su patrimonio con negocios ruinosos, se divorció, perdió a su madre tras una grave enfermedad e incluso él mismo tuvo serios problemas con las drogas y el alcohol, llegando a sufrir un cáncer de páncreas que le obligó a endeudarse para poder costear el tratamiento, que superó. En el camino, eso sí, perdió amigos y bienes materiales como su vivienda, que le fue embargada.

Una espiral de desgracias hasta que en 2011 volvió a ser noticia, esta vez a través de las redes sociales y de los aficionados italianos que trataban de seguirle la pista. Un encuentro casual en un albergue americano donde residía con el ejecutivo de una multinacional italiana que era además un apasionado del baloncesto, desencadenó lo que iba a ser la nueva vida del ex jugador fuera de los Estados Unidos.

Se conoció por entonces que malvivía en una residencia para personas “sin techo” y que contaba con la única ayuda puntual de sus dos hijos, Azim y Kareema. El periodista Andrea Barocci, de Il Correo dello Sport, se hizo eco de la historia y escribió un artículo que no pasó desapercibido.

PERDIDO EN UN ALBERGUE DE EEUU

Esa misma mañana el presidente de la Lazio, Simone Santi, quedó impactado al conocer la situación personal del que fuera su ídolo de la infancia, un estado de ánimo que le hizo reaccionar. Además de presidente del club romano, Santi era y sigue siendo a sus 40 años Cónsul Honorario de Mozambique en Milán, ejecutivo de una empresa dedicada a impulsar el comercio exterior de compañías italianas y fundador de un proyecto solidario llamado Progetto Colors desde 2007.

Impactado aún por la noticia del desayuno, se esmeró en buscar por Internet el albergue en cuestión. Logró hablar con su hijo Azim y a partir de ese momento comenzó a gestarse el retorno del exjugador a Roma. También gracias a la implicación del que fuera su rival deportivo en la pista, el pívot Meneghin, que además preside la Federación Italiana de Baloncesto, se pudo llevar a cabo el regreso de Jeelani, que entonces tenía 57 años.

Esa nueva vida no solo significó un renacimiento personal sino también profesional, muy vinculado al baloncesto, ya que Jeelani se implicó a fondo en la ayuda a niños y jóvenes en situación de exclusión social.

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Foto:Jeelani en Roma con los chicos del baloncesto de “Progetto Colors” en 2012

El jugador de Wisconsin no dudó en involucrarse en el proyecto encabezado por “su” presidente, que contaba con más de 500 jugadores de entre 8 y 14 de años de hasta 27 nacionalidades diferentes a los que había que inculcar el deporte de la canasta. La presencia de Jeelani impulsó aún más este proyecto solidario que mantiene una estrecha colaboración y cooperación con una escuela de baloncesto en Maputo, a la que cada año acuden los responsables deProgetto Colors para aportar material deportivo y escolar a la comunidad educativa.

Pero las raíces tiran y en 2013 Jeelani dejó Italia para volver a casa, a su Racine natal. Desde entonces sigue participando en programas sociales en beneficio de la comunidad sin desligarse del trabajo que llevó a cabo en Roma para implantar el modelo de Progetto Colors en una de las áreas más problemáticas Chicago. El año pasado, además, Jeelani fue incluido en el Salón de la Fama de Racine que reconoció la trayectoria deportiva y profesional de su actual ciudadano, exjugador del instituto Washington Park.

Todo ello quedó reflejado en un libro titulado Abdul Jeelani Ritorno a Colori en el que se cuenta esta sensacional historia que incluso llegó a emocionar a los millones de telespectadores que siguieron la emisión del programa Invincibili, emitido en horario de máxima audiencia hace dos años. A través de imágenes, vídeos y testimonios conocieron la intensa y dramática vida de Jeelani, que se ganó una vez más la admiración de la audiencia al conocerse su encomiable labor solidaria.

EL DETALLE

No se entrenaba. Dada la fragilidad de sus rodillas, Jeelani apenas se entrenaba con el resto de compañeros del Caja de Álava que, eso sí, contaban con él en los partidos, donde el ala-pívot siempre dio el máximo.Histórico en los ‘Mavs’. Jeelani tuvo el honor de ser integrante parte del primer quinteto titular de Dallas y anotó la primera canasta oficial de la historia de la franquicia. Fueron 143 partidos disputó en la mejor liga del mundo. Primero en los Portland Trail Blazers y más tarde en Dallas.

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Foto:Nuevo Basket.Abdul Jeelani e Iñaki Garaialde al rebote en la pista del Licor 43

Un superclase, excepcional

Por Iñaki Garialde

Cuando de víspera recibí la noticia de que Abdul Jeelani sería el nuevo americano del Baskonia, sufrí esa especie de parálisis transitoria que avisa de que algo va a suceder, como así fue. Al día siguiente estábamos convocados para el viaje a Manresa de cara al partido correspondiente de la incipiente ACB.

Nervioso, fui antes de lo acostumbrado para verle y certificar que aquel jugadorazo que mis revistas decían que había triunfado en la NBA, sería mi compañero. Llegó al autobús y con aspecto cansino se tumbó en la parte trasera ocupando los cinco asientos.

En mi condición de capitán consideré oportuno, a la vez que justo, subir tras él en compañía de los otros dos norteamericanos de la plantilla, Terry White y Willie Simmons, para presentarnos y desearle la mejor de las suertes.

Ya en Manresa nos hospedamos en el hotel Pedro I, y en el reparto de habitaciones, Terry y Willie compartirían habitación y Abdul conmigo. Honor por todos los costados de aquella habitación con un ejemplar del nuevo testamento encima de una de las mesillas, compartiendo espacio con aquel teléfono del medievo que aún mantenía escritos los prefijos de la URSS y las Repúblicas del Este. Abdul, cansado, me pasó el librito y colocó su Corán en su mesilla de noche, al que tampoco hizo mucho caso.

Foto:Abdul Jeelani en los Dallas Mavericks de la NBA

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Tumbarse y quedarse seco fueron acciones simultáneas. Al día siguiente, y tras el espectacular desayuno de café con leche y un paquete de galletas María que se metió, entreno de tiro y por la tarde partido. Manu Moreno, segundo entrenador, se afanaba en enseñarle los movimientos tácticos mientras se disputaba el primer tiempo.

No puso mucha atención y antes de llegar al descanso saltó a pista. Ya íbamos por delante en el marcador pero su entrada a cancha nos enseñó que con él no podíamos perder, que el que de verdad sabe jugar a este deporte, aún con las rodillas destrozadas, tiene ese algo especial que marca la diferencia. Alguien que te indica que tienes por compañero a un superclase. Excepcional.

Tras esto, siempre he pensado que lo de la adaptación es una forma de explicar lo inexplicable sin fundamento. Tremendo y extremo en casi todo, prácticamente no entrenaba para estar en condiciones de cara al partido del fin de semana.

Daba igual. Con sus pasiones y sus prisiones, llegaba el momento de jugar y era un referente en todo y para todos, con una lectura especial del juego solo al alcance de unos pocos. Y con el balón en las manos ya era un gran generador de sensaciones con la seguridad de que algo mágico iba a pasar.

Él, que había gozado del éxito en la NBA e Italia, nunca decía que le pasara el balón, siempre me decía: “Si tienes un problema mírame”. ¡Y ya te digo que le miraba!

Desprendido y preocupado porque estuviéramos a gusto con él, cuando en su segund año ya sabía que no seguiría en Vitoria, y con aquella sonrisa de pícaro 3.0 inseparable que ocultaba toda la gama de colores del blanco al negro, volví a perder mi presencia de espíritu cuando me soltó aquello de “Capitán, cuida de tu familia”. Y luego llegó el abrazo.

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