Asistente Laso

pablo

Foto: Saski Baskonia. Pablo Laso entrando a canasta en la Final de la Copa de 1995

El hijo pródigo baskonista regresa al Buesa en el momento más álgido de su carrera como técnico

Por Andrés Goñi. Diario Noticias de Álava (15/02/14) – Ni tenía cuerpo ni casi pinta de deportista, y mucho menos para jugar al baloncesto. Pero en el fondo, muy en el fondo, había talento para ese juego, algo que apenas unos pocos fueron capaces de intuir. El primero, lógicamente, su padre, el histórico Pepe Laso -exjugador del Real Madrid y extécnico del Baskonia, entre otros-, muñidor de su carácter y acicate continuo en la carrera de su hijo hasta que alcanzó el profesionalismo con 16 años. «Pablo era intuitivo, un inventor del baloncesto en cada minuto que desechaba los sistemas por sus características físicas», recuerda su padre.

Ni tan siquiera su estancia americana en el Big Sprig High School de Carlisle (Pennsylvania) propició el estirón típico en adolescentes de su edad, así que continuó forjando su prometedora progresión alejado del músculo en favor del cerebro. «Se puede decir que ha tenido una carrera exitosa pese a que sus cualidades físicas no eran excepcionales, pero sí su talento», añade el progenitor.

En ese contexto de baloncesto permanente en casa y en el colegio San Viator, donde al principio flirteó con el fútbol hasta que Juan Pinedo, otro de los ilustres del Baskonia, se lo quitó de la cabeza, creció uno de los jugadores más notables de la historia del club. Un cartero de lujo que repartió casi 2.000 asistencias a lo largo de sus once temporadas en el club y que vistió la camiseta azulgrana de forma consecutiva en 315 partidos oficiales, un récord que aún permanece invicto.

Aquel base flacucho de largo flequillo y mirada esquiva regresa nuevamente a Vitoria como entrenador del Real Madrid, probablemente el mejor equipo de Europa en estos momentos y al que ya ha hecho campeón de Liga -título que dedicó a Manel Comas- , dos veces campeón de Copa -la última hace apenas una semana en Málaga- y dos Supercopas ACB.

Al frente desde hace casi tres años de esa máquina de dibujar baloncesto que es hoy el Real Madrid ha sido capaz no ya sólo de recuperar a talentos perdidos como el Chacho Rodríguez, sino que ha reinventado el basket de la casa blanca de la misma manera que marcaba el ritmo como base.

El resultado, al margen de los títulos, es una poderosa y completa escuadra que esta tarde llega al Buesa Arena (19.15 horas) invicto en ACB y con sólo una derrota en su inmaculada temporada -en Moscú ante CSKA- tras haber disputado 38 partidos oficiales entre Liga, Copa, Supercopa y Euroliga.

Su obra es un formidable grupo que aúna talento y fuerza a partes iguales que, por momentos y con todas las salvedades del mundo, podría parecerse a aquel Taugres de finales de los 80 que el propio Laso dirigió con maestría.

De aquellos tiempos, y precisamente ante el Real Madrid, es uno de los momentos más destacados en la carrera del base. Un partido disputado en el viejo Mendizorroza -aquella tarde con mucho más aforo del permitido- que se saldó con un triunfo histórico ante una no menos histórica escuadra que días antes se había proclamado campeona de Copa en La Coruña frente al Barça.

Talentos como Drazen Petrovic, Fernando Martín, Fernando Romay o Chechu Biriukov claudicaron aquella tarde en Vitoria (99-90), adonde se había desplazado el que fuera entonces seleccionador nacional Antonio Díaz Miguel, que convocó al joven vitoriano para imprimir su endiablada rapidez en el combinado español. «Es muy rápido, pero lo que más me gusta de él es que tiene muy buenos fundamentos y la casi instantaneidad con que los ejecuta. Es un gran defensor y pasador, aunque debe mejorar aún en el tiro», justificaba entonces el ya desaparecido seleccionador.

Aquella llamada en noviembre de 1988 supuso un nuevo hito en la carrera de Laso al convertirse en el primer jugador nacido en Vitoria que vestía la camiseta roja. Con anterioridad, otros baskonistas internacionales fueron Chus Iradier y Carlos Luquero, forjados en la capital alavesa pero originarios de Madrid.

A sus 21 años, Pablito Laso entraba por méritos propios en la historia del baloncesto alavés e iniciaba una progresión extraordinaria estrechamente ligada a la del club, ya entonces en manos de Josean Querejeta, con el que había compartido vestuario hasta hacía bien poco. «Su llegada a la presidencia y la de Herb Brown al banquillo cambiaron la idiosincrasia del club, otorgando a todas las esferas un aire mucho más profesional», recuerda el técnico del Real Madrid.

Aquel equipo de provincias comenzó a hacerse mayor gracias a los personajes antes citados y la llegada de jugadores como Nicola, Rivas o Arlauckas en un primer momento, y Perasovic, Comas y compañía después. El resultado de aquella gestión fue el primer gran triunfo de la historia azulgrana, la Copa del Rey de Granada en 1995, en la que Laso fue elegido además el MVP. «El gran mérito fue que todo el trabajo que nos supuso lograr aquella Copa nos sirviera de poso para que el proyecto siguiera creciendo a lo largo de los años». Como así fue.

El club de Zurbano alcanzó el estatus de Grande de Europa y Laso emprendió diferentes caminos antes de iniciar hace diez años su carrera como entrenador. De momento, en Cerámicas Leoni, Pamesa Valencia, Cantabria Lobos, Bruesa Gipuzkoa Basket y Real Madrid.

¿Para cuando Baskonia? «Ahora mismo tengo un trabajo muy atractivo como para pensar en el futuro», resuelve. Su amigo Javier Añua, otra leyenda en el club, va más allá: «Me gustaría verle entrenar al Baskonia, pero veo complicado que Josean pudiera ficharlo por su especial relación con él. Creo que prefiere un entrenador más distante para sentirse más cómodo».

Ha colaborado en la elaboración de este reportaje Rubén Gazapo, fundador de la web especializada www.baskonistas.com.

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