Aquella noche en el OAKA

Foto:Kornel David y Sergi Vidal celebran a la carrera la victoria en Atenas.

Por David González (periodista de El Correo)

Es lo bueno de sentirse baskonista. Hay muchísimos grandes momentos dónde elegir. Un baúl repleto. Todo depende de los gustos, la edad y la inquietud de cada aficionado.

Uno te dirá que su recuerdo más entrañable se remonta a la final de Lausana –impagable aquella primera caravana azulgrana–; otro, que si la auténtica obra cumbre se fraguó durante el doblete; incluso no faltarán quienes se declaren devotos de la primera ‘Final Four’, cuando Europa descubrió realmente dónde queda la ciudad que no se ve en el mapa. Existe tanto para señalar…

Sin embargo, hay un partido que dejó una profunda huella. Al menos dentro del club. No significó título alguno, pero sí rompió una barrera psicológica. Sucedió un 12 de abril de 2006. En la zona olímpica de Atenas.

Bajo la descomunal estructura del OAKA, el faraónico pabellón que sirve de hogar al Panathinaikos.Y cuando decimos Panathinaikos hablamos del club más poderoso de Europa.

Era el tercer partido de los cuartos de final (¡ay! cuánto se ha perdido en emoción con el formato de cinco asaltos). La llave a la ‘Final Four’ en una subasta a cuarenta minutos.

Enfrente bregaba un acorazado construido para reinar en Europa. Spanoulis, Diamantidis, Lakovic, Tomasevic, Batiste, Alvertis, el mejor Hatzivrettas… Y, para más ‘inri’, 20.000 hinchas enfervorizados animaban desde la grada.

¿Animar? Bueno, más bien achicarraban con sus cánticos, amenazas, lanzamientos de objetos y bravuconadas.

Si eso no era el infierno, no sé qué podría serlo.El caso es que la escuadrilla azulgrana, con un poco de aquí y otra porción de allí, aguantó el pulso lanzado. Sorpresivamente se puso a la altura que requería la empresa, o el milagro. Repelió cada golpe verde, y los hubo a mansalva.

Fue la noche en que chicos ahora respetados como Scola, Prigioni, Hansen, Vidal, Splitter, o Vidal se sintieron inmortales. 71-74. El OAKA al completo en estado de ‘shock’, mientras una decena de chicos vestidos de azulgrana corría eufórica hacia el vestuario. Hacia la segunda ‘Final Four’.

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