Pablo Laso: “Cielos el video”

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Foto:El Correo. Dusko Ivanovic y Pablo Laso

Por Pablo Laso en basketconfidencial.com

Voy a analizar, desde el punto de vista del jugador, uno de los inventos más odiados y temidos del colectivo.

Suele ser uno o dos días después del partido cuando el entrenador te dice con una mezcla de picardía, mala leche y satisfacción que por favor te pases por la temida sala. En ese momento el técnico se siente en su salsa…

Ha visto el partido tranquilamente, sin la tensión propia del mismo, y ha utilizado ‘el gran invento’ para darte el papel principal de una película que seguro que no te hubiera gustado protagonizar.

Obviamente, todo lo que intentas rebatir está estudiado al milímetro, incluso algún meritorio “¡Ves! Aquí lo has hecho correctamente”. Eso sí, ese rebote que no cogiste, ese pase que mandaste a la grada, o incluso esa ayuda, que sin duda alguna ya sabías tú que habías llegado tarde.

Desgraciadamente, el vídeo tiene una característica matadora para uno mismo. Medio segundo puede significar diez minutos. Ese mínimo instante de tiempo real se hace eterno, y además habitualmente la acción repetida no hace más que dejarte en evidencia.

Hay otro tipo de sesiones que son más llevaderas: las de grupo. Solamente por una diferencia, y es que tienes menos posibilidades de que te toque. Cuando ‘te toque’ quiero decir que cuentas con el resto del grupo como cómplices, y por lo menos los ‘recados’ suelen ser compartidos. Estas sesiones colectivas son de dos tipos: las de preparación y las de efecto.

Las de preparación son relativamente sencillas: te sientas, te hablan del otro equipo, te ponen sus jugadas y mientras alguno presta atención, el resto está intentando no caer en el sopor, por no decir sueño. Por cierto, algún jugador interesado ha llegado a pedir el vídeo para estudiarlo en casa…

Otros lo piden y se lo dejan en el vestuario. Voy con las sesiones de vídeo de efecto: ¿Qué significan sesiones de efecto? Aquellas en las que el cuerpo técnico pretende hacer reaccionar al grupo.

Estas son duras. Habitualmente vienen después de un terrible partido. La tensión se corta en el aire, y normalmente lo mejor es asentir con la cabeza, callar, mantenerse firme en la silla -no sea que un mal gesto sea mal entendido- y esperar, muchas veces en vano, que a nadie se le ocurra contestar algo.

Si a alguien se le ocurre, o se le pasa por la cabeza hacerlo, que lo piense dos veces, porque normalmente el entrenador ya contaba con ello y está preparado para saltarle al cuello, no sólo al que lo dice, sino, de paso, a todo el grupo.

A veces, ¡incluso hasta por no decir nada!

Después de este rollo, no me queda otro remedio que lanzar un mensaje a los jugadores: ¡HAY QUE REBELARSE!

Voy a poner unos ejemplos:

Utilicémoslo para estudiar a nuestros contrarios y tal vez nos permita recuperar una pelotita más en defensa.

Fijémonos en la técnica individual de otros jugadores, tal vez copiemos algo que luego nos pueda servir para anotar una canastita más.

Veamos nuestros propios defectos y pensemos cómo mejorarlos

Aprendamos la lectura del juego colectivo, como cuándo cambiar ritmos de partido, ver el por qué de malos tiros…

En fin intentemos que este maléfico invento que es el vídeo no nos hunda, sino que seamos capaces de utilizarlo para nuestro bien. Y al fin pensar que lo que vemos en la televisión no es más que un deporte que nos apasiona, nos da de comer… O como queramos verlo.

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