Una huella imborrable

Foto:Saski Baskona.Andrés Nocioni, Luis Scola y Fabricio Oberto festejan la Copa del Rey de 2002

Por Rocio Sojo Rubinich

Ser recordado por grandes logros, enormes batallas, campeonatos históricos derrotando a equipos invencibles con rivales de otro nivel… llegando así, a lo más alto del deporte mundial. Al final del camino, uno siempre mira para atrás, observando todo lo vivido, recordando viejas anécdotas, dolorosas derrotas, tiros imposibles, victorias agónicas…

Pero lo que uno ve en cada uno de esos equipos, campeonatos, torneos… es la huella que uno mismo deja y que en este caso, perdurará para siempre.

Rozando con los dedos la gloria que supo a plata en el 2002. Coronándose con laureles, en lo más alto del podio y besando una de las más deseadas medallas en el 2004. Conquistando América varias veces y colgándose la de bronce en el 2008.

Conquistó España y fue rey de Europa. Un hombre que no conoce la palabra “imposible”. De alma indomable.

El perfecto prototipo de jugador que todo equipo y Selección quiere. Andrés Nocioni es sacrificio, trabajo, lucha y entrega. Demasiado talento y pasión en una persona. Es el orgullo y la garra argentina. Un jugador que vive y transpira básquet. Y por sobre todas las cosas, hablar de Chapu es hablar de carácter. Ese carácter difícil de encontrar. Un tipo fuera de lo normal, irreemplazable allá por donde va.

Es el grito al corazón. El abrazo al alma. El llanto de lo que pudo ser y no llego a serlo. Las lágrimas de la alegría. La locura en persona. El soldado que uno quiere en sus filas para llevar a cualquier guerra.

Chapu es la esencial del básquet, del deporte.

Nos dio todo, dejo todo… El jugador del pueblo. Un pibe que debutó con 15 años en Racing y ni él se imaginaba como iba a terminaría esta historia. El jugador que marca la diferencia en cualquier equipo cuelga las botas a fin de esta temporada.

Ahora todos miraremos para atrás y recordaremos a un jugador único, especial e inigualable, porque lo que nos deja Andrés Nocioni es una huella imborrable en el corazón.

 

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